jueves, 14 de julio de 2011

Un pensador insumiso


“Ser marxista hoy significa no sólo poner en juego la inteligencia
para fundamentar la necesidad y posibilidad de esa alternativa
(al capitalismo), sino también tensar la voluntad para responder
al imperativo político-moral de contribuir a realizarla.”


El pasado día 8 de julio fallecía en la capital de México Adolfo Sánchez Vázquez, el filósofo, el historiador, el maestro universitario y el poeta. Era un joven de 90 y pico de años que siempre se atrevió a ser un pensador insumiso, un idealista, que no un iluso, capaz de concebir utopías posibles, empeñar su vida y energía y contagiarnos de esperanza sobre el sentido de luchar por la dignidad y la justicia.

Nacido en Algeciras (Cádiz) en 1915, su infancia y juventud transcurrieron en Málaga, donde comenzó a militar, primero en las Juventudes Comunistas y más tarde en las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Funda la revista literaria Sur y participa en el advenimiento de la IIª República (1931), a la que defendió con la pluma y también con las armas en la mano: primero, desde la dirección del diario Ahora, órgano de la JSU; más tarde, en el Frente del Este, en Aragón, incorporado a la 11ª División que dirigía el comandante Líster; y finalmente, y hasta la terrible batalla del Ebro, en Cataluña como soldado del legendario Quinto Regimiento. Después, Sánchez Vázquez cruza a Francia, de donde se dirige al México solidario del Lázaro Cárdenas que acogió a una ilustre legión de exiliados españoles.

En el PCE, se enfrentó en 1957 junto con la organización de México a los “métodos autoritarios y antidemocráticos” que, según él, imperaban en el comité central del PCE, lo que le llevó finalmente a dejar toda responsabilidad política, a “ser sólo un militante de filas y consagrarme sobre todo a mi trabajo en el campo teórico”.

Prestigioso catedrático en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la que enseñó durante más de treinta años y de la que fue también profesor emérito, destacó por su contribución teórica a la estética y al pensamiento político. Entre sus más de 25 libros publicados merecen destacarse: Las ideas estéticas de Marx (1965), La filosofía de la praxis, su obra teórica más importante, fruto de la tesis doctoral defendida en la UNAM bajo la dirección de José Gaos (1967), Del socialismo científico al socialismo utópico (1975), A tiempo y destiempo (2003) y Ética y Política (2008). Como poeta, su vocación inicial, hay que señalar dos libros: El pulso ardiendo, escrito en los años 30 y que refleja el dramatismo de la guerra (México, 1942) y Poesía (antología de su obra poética, México/Málaga, 2005).

Fue distinguido con el doctorado Honoris Causa por las universidades mexicanas de Puebla, Nuevo León y Guadalajara, por las universidades españolas de Cádiz, UNED y Complutense de Madrid y por la universidad de La Habana (Cuba). Entre otras distinciones, recibió el Premio María Zambrano de la Junta de Andalucía y el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México (2002).

He llegado a la conclusión de que no obstante el fracaso histórico de los proyectos de emancipación social, el socialismo sigue siendo necesario, deseable, posible… se hacen necesarias las teorías que contribuyan a realizar el proyecto socialista de emancipación. Y, entre ellas, sin ser exclusivo, el marxismo, entendido como proyecto liberador, crítica de lo existente, conocimiento de la realidad social a transformar y vinculación con la práctica”

lunes, 11 de julio de 2011

El poeta de Octubre


El 14 de abril de 1930, a las 10:15 de la mañana Vladimir Vladimirovich Maiakovski se pegó un tiro en Moscú, en el callejón de Lubianski, con el revólver que le había servido doce años antes para su papel en la película No nací para el dinero.

Militante bolchevique, a los 13 años lo detienen por primera vez acusado de formar parte de la imprenta clandestina del Partido Comunista. Luego, será detenido otras dos veces, la última en 1909 por organizar una fuga de mujeres encarceladas, por lo que cumple un año de prisión: tenía 17 años.

Vladimir V. Maiakovski, el poeta tal vez más paradigmático de la Revolución de Octubre, nació en 1893, en la ciudad georgiana de Bagdadi, Rusia, en una familia campesina y pobre. Desde la época de la posguerra se identificó plenamente con el poder leninista. A los 19 años firma el Manifiesto Futurista "Bofetada al gusto público". Fundó el "Frente de la Izquierda del Arte" (LEF). Está considerado como uno de los más grandes poetas soviéticos.



BALADA DE LA CÁRCEL DE READING

-AMOR-

Vuestro siglo XXX

vencerá,

al corazón destrozado por las pequeñeces.

Ahora,

trataremos de terminar,

todo lo que no hemos podido amar en la vida,

en innumerables noches estrelladas-



¡Resucitadme,

aunque más no sea,

porque soy poeta,

y esperaba el futuro,

luchando contra las mezquindades de la vida cotidiana!

¡Resucitadme!

Quiero acabar de vivir lo mío,

mi vida,

para que no exista un amor sirviente,

ni matrimonios, sucios,

concupiscentes.

Maldiciendo la cama,

dejando el sofá,

alzaré por el mundo,

un amor universal.

Para que el día,

que el dolor degrada,

cambie,

y no implorar más,

mendigando,

y a la primera llamada de:

¡Camarada!

se dé vuelta toda la tierra.

Para no vivir,

sacrificándose por una casa, por un agujero.

Para que la familia,

desde hoy,

cambie,

y el padre,

sea por lo menos el Universo,

y la madre,

sea por lo menos la Tierra.


Editó poesías, escribió obras de teatro en las que satirizó la burocracia, guiones cinematográficos, canciones para el Ejército Rojo y para las instituciones del Estado obrero. Participó en las batallas teóricas de los formalistas, compuso el "Manifiesto Futurista Ruso", diseñó afiches y otros objetos.

Contínuamente perseguido por la burocracia revolucionaria, el 9 de marzo de 1930 el diario Pravda realiza una dura crítica titulada "Sobre los caprichos del izquierdismo" en contra de su obra teatral Los Baños. Antes de suicidarse escribió: Como quien dice / la historia ha terminado. / El barco del amor / se ha estrellado / contra la vida cotidiana”.

miércoles, 22 de junio de 2011

El siniestro “Dr. Mengele” español


A todas las presas políticas

que sufrieron los rigores de las cárceles franquistas


“La idea de las íntimas relaciones entre marxismo e inferioridad mental ya la habíamos expuesto anteriormente en otros trabajos. La comprobación de nuestras hipótesis tiene enorme transcendencia político social, pues si militan en el marxismo de preferencia piscópatas antisociales, como es nuestra idea, la segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible”. Son palabras del comandante Antonio Vallejo-Nájera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares, entresacadas del libro “La locura y la guerra. Psicopatología de la guerra española”, publicado en Valladolid en el año 1939. Previamente había publicado “Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza”, en 1937.

El papel que desempeñó este psiquiatra militar durante la postguerra no se limitó al terreno teórico sino que sirvió para dar cuerpo científico a buena parte de la política penitenciaria de la dictadura y, de un modo muy particular, a las relaciones de las presas republicanas con sus hijos. Muchas de ellas vieron como sus bebés morían de inanición. A otras, les fueron arrancados de su cuidado y nunca más supieron de su paradero. El régimen franquista, empeñado en distanciar a las madres detenidas de sus hijos, puso en marcha una prisión para Madres Lactantes en donde sólo se les permitía estar en contacto con sus bebés una hora al día.

Antonio Vallejo-Nájera nació en Paredes de Nava (Palencia) en 1889, estudió medicina en Valladolid e ingresó en la carrera militar. Intervino en la guerra de África y fue agregado en la embajada de España en Berlín. Posteriormente fue director del sanatorio madrileño de Ciempozuelos. Muere en Madrid en 1960.

En 1938, a propuesta de Vallejo-Nájera, Franco autoriza la creación de un Gabinete de Investigaciones Piscológicas “cuya finalidad primordial será investigar las raíces psicofísicas del marxismo”. Su primer trabajo se centró sobre dos grupos de detenidos: los brigadistas internacionales y 50 presas malagueñas. Su trabajo sobre este último grupo lo tituló “Investigaciones psicológicas en marxistas femeninos delicuentes”. Es de destacar que, para las mujeres, no cabía la consideración de presas políticas, y como presas comunes fueron siempre consideradas en las cárceles franquistas.

Pues bien, en esa investigación, tal como señala el historiador y profesor de la Universidad de Barcelona, Ricard Vinyes (Presas políticas, Barcelona, 2002), “a la situación ambiental de la ciudad ocupada y la atmósfera de revancha consiguiente, que arropó todo el proceso de indagación casi sumarial, se añadían los prejuicios sexistas de Vallejo. La combinación resultó explosiva”. Una cita lo expresa mejor que cualquier comentario: “Recuérdese para comprender la activísima participación del sexo femenino en la revolución marxista su característica labilidad psíquica, la debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, la inseguridad del control sobre la personalidad (…) cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer y se liberan las inhibiciones frenatrices de las impulsiones instintivas; entonces despiértase en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas (…) Caracteriza la crueldad femenina que no queda satisfecha con la ejecución del crimen, sino que aumenta durante su comisión. El hecho es tanto más digno de atención cuanto que la mujer suele desentenderse de la política, aunque su fanatismo o ideas religiosas la hayan impulsado en los últimos años a mezclarse activamente en ella, aparte de que en las revueltas políticas tengan ocasión de satisfacer sus apetencias sexuales latentes”.

Pero aún iba más allá. Vallejo señalaba en sus conclusiones que, a diferencia de los brigadistas internacionales, en el caso de las mujeres no había podido proceder “al estudio antropológico del sujeto, necesario para establecer las relaciones entre figura corporal y temperamento, que en el sexo femenino carece de finalidad, por la impureza de sus contornos”.

El psiquiatra Francisco Marco Merenciano, discípulo de Vallejo, decía: “La medicina exige una política, el marxismo es una enfermedad y en nuestras manos está en gran parte su tratamiento”. Esto fue publicado aún en 1958 con unos prologuistas de lujo: el médico y profesor Pedro Laín Entralgo y el psiquiatra Juan José López Ibor.

El mérito de Vallejo no era otro que aportar al Régimen, desde la psiquiatría oficial y académica, una pseudofilosofía de la inferioridad y la degeneración social e histórica del adversario político, que justificase y amparase acciones, instituciones y políticas de segregación. Esto le sirvió para dar un impulso a su carrera dentro del franquismo, una carrera de éxito y prestigio que le llevó, siendo ya coronel, a presidir el Primer Congreso Internacional de Psiquiatría, celebrado en París en 1950.

miércoles, 8 de junio de 2011

María Zambrano

(María Zambrano y Luis Cernuda -a su izquierda-, en Alcolea del Tajo (Toledo), en una iniciativa de las Misiones Pedagógicas de la II República)

“Todo lo que el hombre quiere, lo sueña primero”

La pensadora, ensayista y poeta española María Zambrano Alarcón nace el 22 de abril de 1904 en el malagueño pueblo de Vélez-Málaga, hija del pensador y pedagogo Blas José Zambrano, y allí permanece sus primeros cuatro años de vida. Es en 1909, y tras una breve estancia en Madrid, cuando sus padres -ambos maestros-, se trasladan a Segovia, lugar donde transcurre su adolescencia. El ambiente intelectual se respira en casa de los Zambrano, del que es habitual visitante el poeta Antonio Machado.

Maria Zambrano inicia en 1921 sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, asistiendo a las clases de Ortega y Gasset, García Morente, Besteiro y Zubiri. En 1928 se le diagnostica tuberculosis, enfermedad que marcará el resto de su vida. Vivió muy de cerca los acontecimientos políticos de aquellos años, de cuya vivencia fue fruto su primer libro “Horizonte del liberalismo” (1930). Defensora de la República, Zambrano se revela como articulista para defender sus ideales.

Durante cinco años -de 1931 a 1936- es profesora auxiliar de la Cátedra de Metafísica en la Universidad Central. Comenzó a colaborar en la Revista de Occidente, luego en Cruz y Raya y en la revista Hora de España. Durante los años de la II República conoce y entabla amistad con José Bergamín, Luis Cernuda, Miguel Hernández , Jorge Guillén y Emilio Prados. El 14 de septiembre de 1936 contrae matrimonio con Alfonso Rodríguez Aldave, y dado que éste ha sido nombrado secretario de la embajada española en Santiago de Chile, parten hacia allí. En esta ciudad trabajará activamente por la causa republicana. En el camino hacen parada en La Habana donde conocerá a José Lezama Lima, que se convertirá en uno de sus grandes amigos y valedores.

En 1937, el mismo día en que cae Bilbao, María Zambrano y su marido regresan a España; a la pregunta de por qué vuelven si la guerra está perdida, responderán: “por eso”. Reside primero en Valencia y posteriormente en Barcelona. Dirá: «Nuestro pueblo lucha por todos los pueblos del mundo y ellos lo saben». Su marido se incorpora al ejército, y María Zambrano colabora en defensa de la República como Consejera de Propaganda y Consejera Nacional de la Infancia Evacuada.

El 28 de enero de 1939 María Zambrano cruza la frontera francesa, dejando atrás todo lo suyo, camino del exilio, en compañía de su madre, su hermana y el marido de ésta. Tras una breve estancia en París, donde entabló amistad con Albert Camus y René Char, posteriormente vivió en México. En Morelia es nombrada profesora en la Universidad San Nicolás de Hidalgo. Conoce y entabla amistad con Octavio Paz y León Felipe. También en ese año publica Pensamiento y Poesía en la vida española, y Filosofía y Poesía, a lo que seguirá una intensa actividad literaria. En 1942 es nombrada profesora de la Universidad de Río Piedras, en Puerto Rico. Poco a poco, se va dibujando en ella la necesidad de atender a eso que empieza a denominar "razón poética".

En 1946, viaja a Paris, donde encuentra a su hermana Araceli, torturada por los nazis, al borde de la locura. Ya no se separarán nunca. En 1948 se separa de su marido y vuelve a La Habana ahora acompañada de Araceli, donde habrán de quedarse hasta 1953, fecha en la que viajan a Roma. Por aquel entonces escribirá algunas de sus obras más importantes: El hombre y lo divino, Los sueños y el tiempo, Persona y democracia, entre otros. En 1964 abandona Roma, de donde es expulsada por la denuncia de un vecino fascista, a causa de los muchos gatos que tenía en su apartamento. Siempre acompañada de su hermana, se instala en el Jura francés. Araceli muere en 1972 y María sigue en su retiro de La Pièce, con algún intervalo en Roma. Escribe Claros del bosque y empieza De la aurora. El giro hacia la mística se ha efectuado.

Mientras tanto, en España poco a poco se empieza a conocer a la escritora. En 1981 se le otorga el Premio Príncipe de Asturias. Desde Ginebra, donde se había instalado en 1980, regresaría por fin a Madrid en 1984, después de cuarenta y cinco años de exilio. En 1988 le fue concedido el premio Cervantes de Literatura. Falleció en la capital española el 6 de febrero de 1991.

domingo, 3 de abril de 2011

LAS MUJERES EN LA IIª REPÚBLICA


La IIª República supuso uno de los momentos clave de la historia española del siglo XX, pues supo otorgar a nuestra nación la oportunidad de convertir en realidad lo que en su propia esencia implicaba: democracia, futuro, progreso y libertad. Como escribe Tomás Segovia, insigne poeta hispano-mexicano, “la República es lo único bien hecho en toda la historia de España”. Duró poco tiempo pero en ese breve periodo se lograron muchos cambios que afectaron a la vida de las mujeres, y a la de los hombres. Las mujeres se implicaron en la política como nunca antes lo habían hecho, se crearon organizaciones de mujeres entre las que destacan la organización anarquista “Mujeres Libres” y la organización de “Mujeres Antifascistas”.


La IIª República abrió un proceso de liberación de la mujer frente al papel oscuro, mantenido tradicionalmente por la monarquía y la Iglesia, de discriminación histórica por considerarla solo como esposa dependiente y madre reproductora, pero no como persona ni como sujeto social activo. La IIª República despertó los sentimientos de dignidad, toma de conciencia y llamada a la participación de la mujer (véase la cantidad de intelectuales comprometidas, lideres políticos, sindicales y sociales). Con la pérdida de la República y la guerra civil se anularían todos los avances conseguidos, volviéndose a imponer sobre la mujer aquellas leyes y conceptos tradicionales, agravados aún más por la ideología fascista vencedora de la contienda y cuya influencia estuvo presente durante todo el tiempo de la dictadura franquista.


La Constitución de la IIª República de 1931, en sus artº 25 (igualdad de sexos), artº 43 (matrimonio y divorcio), artº 40 y 46 (derecho al trabajo) y artº 36 y 53 (sufragio universal), junto con toda la legislación que la desarrolló, sentó las bases jurídicas de primer orden para romper con el papel secular de la mujer, poniendo en cuestión toda la ideología de las clases dominantes y de la Iglesia hasta ese momento presentes. En toda su legislación, la IIª República resultó en un avance cualitativo sobre el papel y los derechos de la mujer en sus distintos niveles.


Así, no sólo se eliminaron privilegios reconocidos hasta ese momento exclusivamente a los varones, sino que se reguló el acceso de las mujeres a cargos públicos, se concedió el derecho a voto a las españolas y a ser elegibles como diputadas, se mejoraron los derechos de la mujer en la familia y en el matrimonio (se reconoció el matrimonio civil y se suprimió el delito de adulterio aplicado sólo a la mujer), se obligó al Estado a regular el trabajo femenino y a proteger la maternidad (se prohibieron las cláusulas de despido por contraer matrimonio o por maternidad, se estableció el Seguro Obligatorio de Maternidad y se aprobó la equiparación salarial para ambos sexos), y se reconoció el divorcio de mutuo acuerdo así como el derecho de las mujeres a tener la patria potestad de los hijos (se permitió la investigación de la paternidad y el reconocimiento de los hijos naturales). En el ámbito de la educación, se implantaron las escuelas mixtas y la coeducación, se abolieron las asignaturas domésticas y religiosas y se crearon escuelas nocturnas para trabajadoras. En Catalunya, se llegó incluso más lejos: allí se permitió la dispensación de anticonceptivos, se despenalizó y legalizó el aborto, se decretó la abolición de la prostitución reglamentada y se prohibió contratar a mujeres en trabajos considerados como peligrosos o duros.


Claves en este proceso de liberalización de la mujer española fueron mujeres activas en el escenario político del momento y diputadas en el Congreso, como Margarita Nelken, Victoria Kent o Clara Campoamor, miembro ésta última de la comisión encargada de redactar el proyecto de Constitución de 1931, quien hizo del sufragio femenino y de su inclusión en el mencionado texto legal su labor más destacada, defendiéndola ardientemente y en solitario con auténtica maestría. En 1933 se celebraron las primeras elecciones en las que participaron las españolas, dándose la paradoja de que tanto Clara Campoamor como Victoria Kent perdieron su escaño.


A ellas se sumaría en el Parlamento, en 1936, como diputada del Partido Comunista, Dolores Ibárruri “Pasionaria”, siempre entrañable y acérrima defensora de los derechos de la mujer, incluso desde el exilio al que fue condenada por sus ideas políticas. En el ámbito político y ocupando cargos públicos de importancia destacaron Francisca Bohigas, María Lejárraga, Matilde de la Torre, Federica Montseny, primera ministra de nuestra historia, o Mercedes Maestre como subsecretaria de sanidad, quienes reivindicaron también su papel en la historia.


La IIª República se perfila como un conjunto de valores imprescindibles, como un modelo de dignificación del papel de la mujer, como un desafío original al orden histórico establecido y como un compromiso de futuro y un ejemplo de libertad y de legitimidad democrática.


Y es que han pasado ya 80 años y sin embargo el espíritu del 31 está ahora más presente y vivo que nunca, ya que la IIª República representó un ejemplo moral para el ejercicio de la política, entendida ésta como el compromiso de guiar a un pueblo hacia su futuro. En una época de profunda crisis sistémica y de absoluta carencia de valores y de principios, deberíamos de fijarnos todos y todas en el ejemplo de estas mujeres y del breve período republicano de los años 30 para conseguir hacer de España y del mundo un lugar mejor para vivir.


jueves, 31 de marzo de 2011

El enigma de Philip K. Dick


Philip Kindred Dick puede ser considerado de varias maneras. Para muchos fue y sigue siendo uno de los más grandes escritores de ciencia-ficción de todos los tiempos. Para muchos -varios de ellos colegas en el oficio de redactar cohetes y robots- PKD no fue más que un paranoico de cuidado, adicto a las anfetaminas y con delirios mesiánicos y una preocupante propensión a hacer el ridículo en público. Para muchos -en especial para franceses y japonenes- PKD es uno de los artistas claves del siglo XX y está a la misma altura que Proust, Joyce o Kafka. Para muchos PKD trasnscendió las fronteras del género convirtiéndose en mesías underground y proponiendo a través de sus novelas y cuentos una suerte de alternativa filosófica y religiosa a la hora de discernir entre lo que es real y lo que no lo es, entre lo que está cuerdo y lo que no lo está, entre lo que fue en realidad y lo que creemos que fue.


Es posible que todos y cada uno de ellos tengan algo de razón pero todos ellos, seguro, se ponen de acuerdo en algo: PKD hubo uno y hay uno solo y es más que probable que nunca haya otro. PKD es ese tipo al que las buenas películas inspiradas en su obra – Blade Runner y El vengador del futuro- apenas le hacen justicia y, por su dificultad a la hora de ser adaptado a la pantalla, otros prefieren robar y no dar crédito a la hora de The Truman Show, Dark City, ExistenZ, Matrix, El sexto día, Abre los ojos, Vanilla Sky o Minority Report.


PKD fue uno de los gemelos sietemesionos que nacieron el 16 de diciembre de 1928. Jane -su hermanita y replicante- moriría un mes más tarde. PKD siempre creyó que Jane seguía viviendo adentro suyo. Empieza a tragar las primeras pastillas y escribe ocho novelas, todas ellas puntualmente rechazadas por las editoriales. Entonces conoce a Tony Boucher -editor de The Magazine of Fantasy & Science Fiction- y decide, muerto de hambre, probar suerte. El primer cuento publicado por PKD se titula “Roog!” y tiene como protagonista a un perro, tal vez porque por esos días PKD sólo tiene dinero para comer comida para perro. Empieza a escribir y publicar cuentos con velocidad anfetamínica. Los alarga y los convierte en novelas.


Para 1961, y coincidiendo con el derrumbe de su segundo matrimonio, PKD entra en lo que considera su Edad de Oro con la publicación de “The Man in the High Castle”, que le valió el premio Hugo -el más alto galardón dentro de la ciencia ficción- con 35 años. Llega a publicar cuatro novelas por año. 1968 es el Annus Mirabilis de PKD: primero llega “Do Androids Dream of Electric Sheep?” (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), que serviría de inspiración para el film Blade Runner. Después aparece “Ubik”, para muchos la obra maestra de PKD. Poco después. este decide que ya es suficiente, que ya escribió bastante, que ha llegado el momento perfecto para tener la mejor y más grande crisis psicótica de toda su vida.


Para los años 70 está claro que PKD no es el típico escritor de ciencia-ficción. Para él, el espacio exterior no es más que una excusa para explorar el espacio interior. Es un outsider, un francotirador, un tipo peligroso. Es un paranoico sin retorno, un replicante de sí mismo, que ofrece sus servicios al FBI o tal vez PKD es un sabio al que las drogas le abrireron las puertas de una realidad conspirativa donde Watergate es, apenas, la punta del iceberg de un estado policial y alienígena.


Desde entonces y hasta su muerte en 1982, víctima de un ataque cardíaco, PKD se dedica a procurar entender lo que le ocurrió durante febrero y marzo de 1974, cuando abrió la puerta de su casa y, jura, fue invadido por una entidad extraterrestre con forma de “rayo rosado”. Desde su muerte -coincidiendo con el estreno de Blade Runner- la figura y la importancia de Philip K. Dick no ha dejado de crecer y aquel que siempre despreció el futuro hoy descubriría que el presente se parece bastante a sus libros: internet, gran hermano, el turista espacial y millonario o los videojuegos ya aparecían en sus novelas y cuentos.

martes, 15 de marzo de 2011

TIQQUN (II) Algunas ideas

Tiqqun parte de la evidencia de la catástrofe, del mundo como catástrofe. Ante ella. dicen, están los que se indignan y los que toman nota, los que denuncian y los que se organizan. Tiqqun está al lado de los que se organizan.

La catástrofe específica de la situación en la que vivimos se llama “guerra civil mundial”, donde nada es capaz de limitar el enfrentamiento de las fuerzas presentes. Ni siquiera el derecho, que entra en juego como otra forma del enfrentamiento generalizado.

La “guerra civil mundial” tiene un estrecho vínculo con la hegemonía del “liberalismo existencial”, es decir, el hecho de que se admita como natural una relación con el mundo fundada sobre la idea de que cada cual tiene su vida. Que ésta consiste en una serie de elecciones, buenas o malas. Que cada uno se define por una serie de cualidades, de propiedades que hacen de él un ser único e irrepetible. Que el contrato resume adecuadamente el compromiso de los seres unos con otros, y el respeto, toda virtud. Que el lenguaje no es más que un medio para hacerse entender. Que el mundo está compuesto de cosas a gestionar y de un océano de yo-yo.

En este mundo, todos hemos sido educados como supervivientes, como máquinas de supervivencia. Hemos sido formados en la idea de que la vida consiste en marchar, marchar en medio del hundimiento de otros cuerpos que marchan idénticamente, tropiezan y luego se hunden, a su vez, en la indiferencia. La novedad hoy es que esto se sabe.

De alguna manera, la política (de izquierdas o alternativa o autónoma) está contaminada por el liberalismo existencial: se fetichiza la forma organizativa (asamblea, etc.) donde los individuos se reunen, abstracción hecha de los mundos de cada uno – de las redes de cosas, hábitos, de fetiches, de afectos, de lugares y de solidaridades que conforman el mundo sensible y le dan consistencia. Como ponemos todo esto entre paréntesis cuando hacemos política, todo lo que nos aferra a la vida, negándonos a asumirlo colectivamente, siempre llega el día del agotamiento y el fin de la movilización, donde cada cual se reencuentra (felizmente, aunque no se admita) con sus hábitos abandonados, con las pasiones cruciales, todo ello bajo el infecto signo de lo privado.

(+ info: www.mesetas.net)